Kazuo Ishiguro, 2021

Editorial: Anagrama

Una novela sobre máquinas, afecto y la esperanza como misterio humano

Cuando Rosa y yo éramos nuevas, nos colocaron en la parte central de la tienda, en el lado de la mesa de las revistas, y eso nos permitía tener vistas a través de algo más de la mitad del escaparate. De modo que veíamos el exterior: los empleados de las oficinas siempre con prisas, los taxis, los corredores, los turistas, Mendigo y su perro, la parte inferior del Edificio RPO. Cuando ya llevábamos cierto tiempo en la tienda, Gerente nos permitía acercarnos a la parte delantera, justo detrás del escaparate, y desde allí podíamos ver lo alto que era el Edificio RPO. Y si estábamos allí en el momento adecuado, podíamos ver cómo se desplazaba el Sol desde los tejados de los edificios de nuestro lado de la calle hacia la acera del Edificio RPO.

Así comienza Klara y el Sol, una novela sobre maquinas, afecto y la esperanza como misterio humano.

Sobre la novela

Klara y el sol nos transporta a un futuro distópico donde los niños “mejorados genéticamente” crecen en condiciones de aislamiento. No asisten al colegio ni socializan con frecuencia, por lo que el mercado ha desarrollado una solución: los Amigos Artificiales (AA), androides diseñados para acompañar emocional e intelectualmente a estos jóvenes. La protagonista es Klara, una AA particularmente observadora y empática, que llega a la casa de Josie, una niña enferma con una condición que podría matarla.

Narrada desde la perspectiva de Klara, la novela nos lleva a experimentar el mundo desde una conciencia artificial que aprende, interpreta y siente, o al menos simula sentir, de manera inquietantemente humana. A medida que la enfermedad de Josie avanza, Klara desarrolla una fe ingenua en el Sol, fuente de energía para los AA, como posible agente curativo. Su creencia, casi religiosa, en la capacidad sanadora del Sol abre un espacio de reflexión sobre lo que entendemos por espiritualidad, fe y afecto, incluso en entidades no humanas.

Contexto histórico y ambiental

Aunque Ishiguro no precisa el año en que transcurre la historia, el mundo que plantea no está tan lejos del nuestro. Nos encontramos en una sociedad tecnológicamente avanzada y ambientalmente degradada. La polución es un problema constante, y la vida cotidiana ha sido moldeada por la automatización y la ingeniería genética.

Los niños “mejorados” genéticamente tienen mayores capacidades intelectuales, pero pagan un precio emocional: el aislamiento social. Las interacciones humanas se han visto reemplazadas por relaciones programadas, por lo que la necesidad de acompañamiento artificial se vuelve una industria rentable y normalizada.

Los androides como Klara no solo existen, sino que son comunes. Se alimentan del Sol, tienen una “visión a cuadros” fragmentada, y han sido diseñados exclusivamente para entender y acompañar a los niños. Sin embargo, su presencia plantea preguntas filosóficas, éticas y afectivas sobre los límites de lo humano.

Temas de la novela

1. El límite de lo humano

Klara y el sol pone en tensión nuestras ideas sobre qué es “ser humano”. A través de Klara, se nos muestra que una máquina puede observar, recordar, interpretar y hasta desarrollar vínculos emocionales. ¿Es eso suficiente para considerarla humana?

La novela confronta tres grandes definiciones de humanidad:

  • Biológico-funcional: lo humano como un organismo con capacidades superiores.
  • Basado en derechos: lo humano como aquello que merece y otorga derechos y responsabilidades.
  • Espiritual: lo humano como portador de un alma, algo irrepetible y trascendente.

Klara, aunque artificial, se mueve entre esas tres categorías: su capacidad de observación y lenguaje es excepcional; se comporta con responsabilidad y cuidado; y desarrolla una fe casi mística en el Sol. ¿Acaso no son esas cualidades que valoramos en nosotros mismos?

2. Tecnología y privilegios

La novela también plantea cómo la tecnología se convierte en un marcador de clase. Solo algunas familias pueden pagar la mejora genética o un AA, lo que crea una brecha aún más profunda entre los niños “mejorados” y los que no lo son. Los personajes viven rodeados de tecnología, pero emocionalmente desconectados, atrapados en decisiones que muchas veces toman las máquinas o las instituciones por ellos.

3. Mito, esperanza y espiritualidad

Uno de los aspectos más conmovedores de la novela es cómo Klara, pese a ser una máquina, desarrolla una forma de pensamiento simbólico: cree que el Sol puede curar a Josie. Esta creencia no nace del algoritmo, sino de una intuición profunda y emocional. Klara crea rituales, busca sacrificios, interpreta señales… como si estuviera creando una mitología personal.

Este rasgo, la capacidad de creer en algo más allá de lo visible,  es quizás el gesto más humano de toda la novela. El mito no es racional, pero da sentido. ¿Y no es eso lo que buscamos los humanos todo el tiempo?

Opinión personal: 

Klara y el sol es una novela perfectamente construida, como una maquinaria precisa. Ishiguro escribe con una elegancia sobria que da espacio al lector para proyectar sus propias emociones. La voz de Klara es limpia, observadora, casi infantil, pero cargada de intuiciones sutiles y conmovedoras.

Aun así, la novela mantiene una distancia emocional que puede resultar fría para ciertos lectores. Nos enfrentamos a un horizonte de expectativas, a escenas que nunca se explican del todo, a emociones que apenas se insinúan. Esa contención, sin embargo, es parte del encanto de la obra: uno nunca está seguro si lo que siente Klara es real o si simplemente somos nosotros proyectando humanidad sobre ella.

Klara y el sol no busca respuestas. Propone preguntas que, como el mejor arte, nos acompañan mucho tiempo después de cerrar el libro: ¿es posible programar el amor?, ¿qué pasará cuando una máquina crea en algo que nosotros no entendemos?, ¿y si el alma no fuera exclusivamente humana?

Sobre el autor

El Nobel Kazuo Ishiguro volvió con una nueva novela y alabó a Campanella -  LA NACION.jpeg

Kazuo Ishiguro (Nagasaki, Japón, 1954 – nacionalizado británico) es uno de los escritores contemporáneos más reconocidos por su estilo sobrio, sus narradores discretos y sus temas existenciales. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 2017 “por descubrir el abismo bajo nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”, según expresó la Academia Sueca.

Entre sus obras más importantes se encuentran:

  • Lo que queda del día (1989), un retrato conmovedor sobre la memoria, la lealtad y la represión emocional.
  • Nunca me abandones (2005), otra distopía íntima sobre clones y el valor de la vida humana.
  • El gigante enterrado (2015), una novela alegórica sobre la memoria, el amor y el perdón.

Klara y el sol (2021) confirma la vigencia de Ishiguro como un autor que sabe hablar del futuro para interpelar el presente. En tiempos donde la inteligencia artificial ya no es una fantasía, esta novela nos invita a reflexionar no sobre las máquinas, sino sobre nosotros mismos: lo que somos, lo que tememos perder, y lo que aún no sabemos definir.

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